viernes, 27 de enero de 2017

NI LOS ARTISTAS NI LOS PORTEROS ESTÁN LOCOS

La imagen casi tópica del artista extravagante viene de antiguo. En el Renacimiento era famoso Giovanni Antonio Bazzi, conocido como Il Sodoma. No escondía su homosexualidad e iba por la calle con extravagantes ropajes y más que por sus cuadros era conocido por su forma de ser.




No solo ese punto extravagante está presente en la personalidad de ciertos artistas. La irascibilidad de Miguel Ángel, Caravaggio o Cellini son legendarias. El pintor lombardo incluso mató a un hombre en una disputa por una apuesta. Tuvo que huir de Roma y para intentar volver mandó un cuadro al Papa con su retrato como cabeza de Goliat demostrando su arrepentimiento. Miguel Ángel también  hizo su autorretrato como la piel de San Bartolomé en la Capilla Sixtina. Sin mencionar el famoso caso de Van Gogh, con su oreja a cuestas. Todas estas razones apoyan el tópico del artista genial con algún problemilla con su salud mental.



Este tópico lo usó Dalí mejor que nadie para su propio beneficio. Fue el más extravagante y además cogió ideas de dibujos de enfermos mentales recluidos en psiquiátricos para sus creaciones, como el caso de los relojes blandos de La Persistencia de la Memoria.


Sin embargo esto no quiere decir que todos los artistas tengan que estar locos por el mero hecho de dedicarse al arte. Exactamente igual que un portero no tiene que estar loco por el mero hecho de ponerse bajo los tres palos.

Mi intención a la hora de escribir esto es demostrar que no todos los porteros están locos, pero sí llegar a saber por qué a los ojos de los demás lo parezcamos,ya que yo mismo me incluyo como portero.

El puesto de portero, en cualquier disciplina, es una anomalía dentro del resto del equipo. En fútbol es el único que puede usar las manos. En balonmano es el único que puede estar dentro del área, en hockey tienen guardas y máscaras que le confieren un aspecto de robot humanoide a veces con rostro monstruoso. Si eso ya no es un primer paso para que el resto del mundo nos considere "peculiares" no lo es nada. Además tenemos la obligación de vestir de distinto color que nuestros compañeros, lo que acentúa la extrema soledad del puesto.

Y digo soledad porque igual que los jugadores de campo pueden compartir tanto el acierto como el error, el portero no comparte ni lo uno ni lo otro. El error, que inevitablemente acaba en gol, es solo tuyo, nadie lo comparte. Ni tan siquiera el éxito es compartido. Tras un gol, todos van a abrazar al héroe. Cuando el portero salva al equipo como mucho alguna palmada de alivio del compañero que ha visto salvado su culo.

Yo estuve en un equipillo en la universidad donde el resto de integrantes eran, entonces, estudiantes de filosofía. Uno de ellos me decía que, como portero, tenía un cierto carácter estoico. Es decir, resistente ante la desgracia, fuerte ante la fatalidad. Y es cierto, el portero es consciente de que tras él no hay nada, que es la última frontera del equipo ante el fracaso, tanto es así que en Italia llaman al portero "extremo defensor". Por tanto, para ser portero es obligatorio poner la integridad de tu marco por delante de la tuya propia. Es el caso del portero que tras recibir un pelotazo en la cara que lo deja inconsciente, lo primero que pregunta al despertar es si el balón ha entrado. Si alguno no está preparado para recibir golpes de todo tipo y que no le importe, que se busque otra forma de disfrutar del deporte.

Y es eso lo que nos sitúa en un plano paralelo a la cordura. Tener la determinación de meter la mano, poner la cara y arriesgar su físico por el bien del equipo. Esa determinación hace que a la vista de aquel que nunca se ha puesto frente a un balón seamos de un comportamiento incomprensible y por tanto próximos a la locura. El portero no se puede permitir una sola duda, si duda ya ha fallado.

Cierto es que hay un buen número de porteros que tienen comportamientos extravagantes, irascibles o inexplicables. Sin embargo no son actos intrínsecos a la figura del portero. Lo que sí es intrínseco al guardameta es una diferente manera de ver el juego, opuesta en muchos casos a la del resto del equipo.

En ese sentido me alegro de que por fin se haya empezado, en España y en fútbol sala al menos, una tendencia a la creación de escuelas de porteros y de entrenamientos específicos que se echaba en falta en el entorno de esta figura tan peculiar dentro del juego. La posición de portero merecía una mayor atención por parte de los entrenadores, un análisis más específico de la técnica y táctica del cancerbero. No como antiguamente, en la que el portero en los entrenamientos estaba solo para permanecer en la portería mientras se le tiraban balones. Sin ninguna indicación técnica para la mejora. Parece que esos tiempos van pasando.

En deportes de alto tanteo, el portero llega a tener una importancia capital. Algunos tecnicos hablan de que el portero es el 60% del equipo. Por lo tanto es indispensable esta atención individualizada en la portería.

No quiero terminar sin un pequeño homenaje a los porteros, como no se puede citar a todos, os ofrezco quizás mi parada favorita de siempre. Gordon Banks rechaza el remate de Pelé. Hace posiblemente la mejor parada de la Historia y recibe dos palmaditas. Pero está bien, ese es nuestro mundo.



Un saludo.







viernes, 13 de enero de 2017

DONATELLO Y MARCELO, VENIDOS DEL FUTURO

No es que me haya vuelto loco o que tenga sobredosis de documentales del Canal Historia. Los veo alguna vez y siempre que encuentran algo "inexplicable" lo resuelven con que es gracias a contactos con los extraterrestres o que han viajado en el tiempo.

Donatello y Marcelo tienen cosas difíciles de explicar, como si estuvieran fuera de su tiempo.

Primer caso, Donatello. Se llamaba Donato di Niccoló di Betto Bardi, nació en 1386 en el seno de una muy humilde familia toscana. Pese a ello consiguió entrar a formar parte del taller de Ghiberti.


De carácter rudo, ni siquiera se vio en la obligación de dejar nada escrito ya que debido a su formación no era hábil con las letras, sin embargo fue un artista excepcional. En su juventud siguió, como no podía ser de otra manera el estilo de su maestro, el gótico internacional, que era el que se llevaba a cabo en los primeros años del siglo XV en Florencia.


Ahora bien, pronto se hizo amigo de un arquitecto brillante y algo peculiar de nombre Filipo Brunelleschi y un jovencito chalado que había decidido cambiar la pintura para el resto de los tiempos de nombre Tomaso, apodado Masaccio. En compañía de este par, no tuvo más remedio que poner todo su empeño en hacer lo mismo con la escultura. Y a ello fue. Cambió las formas elegantes pero irreales del gótico internacional para encontrar la manera más realista, estable y de ascendencia clásica que a partir de ese momento caracterizaría a la escultura del Quattrocento. Mientras que adoptó los descubrimientos sobre la perspectiva de Masaccio, Brunelleschi o Uccello para realizar sus grabados.




Si solo hubiera sido por eso ya su carrera hubiera sido excepcional, pero no se quedó ahí. Ahora viene lo aún más extraordinario de su obra.

Si ya en sus años de madurez nos había adelantado el barroco con trampantojos y escenas de movimiento impensables en su tiempo, en su vejez iba a ir más allá.



En sus últimos años de vida, y estoy hablando de un caballero que vivió 80 años justos, fue cuando hizo un arte más moderno y contracorriente. Hizo obras que por su estilo podrían fecharse a principios del siglo XX. Echen un vistazo.




















Están fechadas entre 1454 y 1459, cuando el escultor tenía más de 65 años. Obras de un estilo antecedente claro del expresionismo, que apenas volveríamos a ver en 350 años, hasta Goya. ¿Es eso un expediente X o no?

Pues precisamente ahora tenemos en nuestro fútbol un caso igual. Aquí está Marcelo, el lateral venido del futuro.

Marcelo vino al Madrid muy joven, se veía en él el esperado relevo a Roberto Carlos en el que tantas veces había fallado el Madrid. Lo que nadie podía prever entonces es que el nuevo y eléctrico lateral zurdo del Real Madrid era algo más.

Las faltas de atención defensivas de sus primeros años hacen que Juande Ramos le reubique como volante, con bastante buen rendimiento. También Roberto Carlos había jugado de volante en el Inter, pero ese no era su lugar, tampoco era el sitio de Marcelo. Como Donatello, Marcelo jugaba al estilo de su maestro, como un lateral largo que llegaba al fondo y ponía el centro. Pero nuestro muchacho de pelo ingobernable tenía su propio estilo. Una capacidad para el desborde y el regate enormes, pero sobre todo, ahí está la diferencia, una gran calidad con las dos piernas y una sangre fría dentro del área digna del mejor delantero.

En la liga 2011-12, Marcelo dio el salto a la madurez, consiguió corregir sus errores tácticos en defensa y dejó boquiabierto al mundo. Al igual que Donatello nos enseñó como iba a ser la escultura de 400 años después de su tiempo, Marcelo nos muestra ahora cómo serán los laterales del futuro.

Congratulémonos de contar con él en el Real Madrid y disfrutemos de sus incansables idas y venidas, de sus regates hacia adentro en busca de la portería contraria, de sus chuts a gol con ambas piernas, de sus recortes, ruletas, pases y paredes. Y cómo no, de sus recuperaciones y cortes en defensa, que para eso es lateral.

Gracias por estos 10 años y por todos los que vengan detrás.


Un saludo.